El escriba de la pasión
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El escriba de la pasión

 Su nombre es Rubén Darío Domínguez, pero en su San Ramón natal lo conocen como “Tabita”, apodo heredado de su padre, de quien también aprendió el gusto por las carreras de caballos. “Yo crecí entre las patas de los caballos”, explica Domínguez, cuya pasión por el raid lo ha transformado en una enciclopedia del deporte, forjada a mano a propia, cuaderno a cuaderno, donde “Tabita” anota desde hace 27 años cada detalle de la competencia que lo apasiona.

 

Su trabajo comenzó a los 13 años, asistido por la radio y con la complicidad de su madre. “En un viejo grabador Hitachi mi madre me grababa el programa ´Cabalgando en la 33´ mientras yo iba al liceo en el turno de la tarde”, explica “Tabita”. Hoy, con más de cuatro décadas de vida y trece años como policía, sus posibilidades de estar cerca de los raid se han ampliado, aunque por elección la mecánica –fibra, cuaderno y máquina de fotos- sea la misma. Dentro suyo, el sentir tampoco ha variado.

¿Cuándo nació tu pasión por los caballos?

Hace muchos años que tengo afición por el tema de los caballos. Desde los cinco o seis años iba al hipódromo con mi viejo. Más adelante me fui volcando hacia el raid. Los domingos, con una barra de muchachos nos reuníamos en el viejo bar de Reboledo y hablábamos de caballos. Nunca competí ni nunca tuve caballos para el cuidado, pero siempre estuve cerca de estos con compañeros y amigos.

¿Cuándo comenzaste a documentar los raids?

En el año ‘86 comencé con los primeros cuadernos, con los primeros apuntes de algunas pruebas hípicas. En el año ’87 me lo tomé más en serio: desde que arrancó el calendario y empecé a escribir de la prueba de cada domingo. Trataba escuchar cada raid desde que empezaba, lo que me insumía un montón de tiempo, porque iba anotando cada dato de los caballos a medida que los iban dando, como el pelo, el propietario, si podía el club que representaba y las pulsaciones con las que largaba la segunda etapa. Después al final los promedios que se daban, muchos de los cuales recién los podías confirmar tiempo después. Ahí empecé con eso y a sacar algunas fotos con una cámara chiquita de aquellas Premier que había en la época. Muchas veces por falta de experiencia salían mal, pero hoy con la cámara digital podés darte cuenta enseguida y volver a sacar. No era nada profesional, sino todo era según me podía manejar.

¿Podías viajar a los raid o hacías todo por radio?

Hacía mucho por radio, pero fui conociendo compañeros y salíamos del departamento hasta Florida para ir al raid “12 de octubre” en Sarandí Grande. También pude ir a Sarandí del Yí y con otros fui a Río Branco. Lo que tengo, la mayoría se lo debo a gente conocida, a compañeros y gente que me invitaba. Yo estudiaba y no trabajaba, así que en esos primeros tiempos económicamente no me podía manejar solo. Una vez hice 18 kilómetros en una bicicleta rodado 20 hasta Tala para ver una marcación un día sábado. A  la vuelta pinché y tuve que hacer nueve kilómetros con ella de tiro.

¿Cambió eso con el trabajo?

Cuando tuve mi trabajo ya pasó por otro factor: tenía dinero para manejarme, pero tenía que cumplir con el horario y muchas veces el domingo tenía obligaciones. Además todo el mundo tiene una familia y querés estar con ellos. Por mi trabajo es cada vez más complicado, aunque también hoy tenés locomoción más fácil. Antes ir a Río Branco era viajar en tren, te tomaba mucho tiempo, hoy es más fácil.

¿Vas solo a las competencias?

A un raid nunca vas solo. En los pueblos del interior todo el mundo vive la fiesta y siempre vas con alguno que le gusta. El que va siempre ofrece locomoción. A mi me gusta llevar a compañeros o amigos porque cuando yo no tenía la gente me llevaba. Era un gurí y me invitaban y así conocí gente de todos lados, siempre atrás de la pata de los caballos.

¿Qué te llamó a realizar ese trabajo de documentación?

Comencé a hacerlo porque me gustaba. Tenía trece años. En un viejo grabador Itachi mi madre me grababa el programa “Cabalgando en la 33”, entonces con José Martínez Cortada, mientras yo iba al liceo en el turno de la tarde. Yo lo escuchaba, pero cuando no estaba mi madre lo grababa hasta que se terminaba la cinta. Yo después venía e iba chequeando los datos y anotando. El domingo, muchas veces, escuchando los raids la radio no agarraba, por lo que me iba para afuera de la casa, hacia el campo, para mejorar la señal. Con todas esas dificultades fui arreglando los cuadernos.

¿Ha cambiado tu sistema con el paso del tiempo?

Sigo haciendo lo mismo que entonces. Trato de sacar la nómina de participantes, el nombre del caballo, el pelo, el jinete, el club que representa. Si puedo escucho la prueba, saco los pulsos en la neutralización, escucho la llegada y cuando se concreta todo oficialmente pongo los promedios realizados, los que clasificaron. El que ganó las pulsaciones queda subrayado en rojo. Si puedo ir, saco fotos y las pego.

¿Cuántos cuadernos tenés tras casi treinta años?

Debo tener como 15 cuadernos. Después de esos cuadernos hay otros con recortes de diarios.

¿No has considerado pasarte a una computadora?

Si me pongo a mirar los chiquilines hoy con la PC te puedo decir sin avergonzarme que soy un ignorante. Sería muy difícil pasar todo. Con sus aciertos y sus errores prefiero quedarme con ese material. Además debo tener 1.600 fotos de caballos ganadores.

Dado que sos un historiador del raid ¿Crees que se pueden comparar a grandes ganadores del pasado con los caballos actuales?

No creo. Fueron cambiando las épocas y el raid cambió un montón, en especial después del antidoping, lo que hace muy difícil cualquier comparación.

¿Qué te dice la gente cuando le contás todo el trabajo que has hecho?

Mucha gente escucha y cree que lo que yo tengo un día podría valer mucho, pero yo nunca lo hice por su valor económico. Lo que yo hago tiene valor para mí. Me preocupo mucho por ello, por tener las cosas ordenadas, no tener trabajo atrasado, los materiales. Mi hija a veces necesita material y le salgo a comprar y ella me dice “vos tenés ahí” y yo le explico que no, que eso es para otra cosas.

¿Cómo explicarías todo lo que envuelve al raid para alguien que no lo conoce?

Es algo único, una pasión que se vive en el interior y que Montevideo no tiene. Se ha ido poco a poco extendiendo. La gente de campaña y de los pueblos chicos la vive como una fiesta popular única para ellos. A pesar de que es un deporte bien nuestro, una fiesta popular en el interior, es poco difundido. El pueblo lo siente. Además reparte dinero a muchas instituciones que lo necesitan. Los alumnos participaban, la gente ponía puestos, la plata de los raids cortos se dividía para el hospital, para la escuela. Es algo del pueblo y para el pueblo.

¿Tu hija, Florencia, heredó también la pasión por los caballos?

A ella no le gustan los caballos. Tiene nueve años. El día de mañana quién sabe para qué lado va a apuntar, pero no tengo intención de empujarla. Me encantaría, sería un sueño verla correr un raid o que yo pudiera hacerlo?

¿Te proponés pasar a ser protagonista?

Es una de las cuentas pendientes que tengo. No soy un jinete o nada por el estilo, pero pienso que todo pasa a base de voluntad. Me gustaría por el hecho de decir “cumplí con esto”. Montón de gente me dice ‘vos sos loco’, pero ahora tengo una potranca de cinco meses con el pensamiento de que dentro de siete años se corre la copa de oro el raid Centro Unión y tengo la esperanza de que lleguemos los dos. Al menos para largar.

¿Cómo se llama la potranca?

El nombre que llevará es “Che Judía”, algo que surgió hablando de los caballos. Hay nombres que se repiten. Mi idea era ponerle “Judas” y en Santa Clara hubo uno que ganó una competencia. Como esta es hembra le voy a poner “Che Judía”.

 

 

 

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