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El Dr. Carlos Soto explica cómo se llevó a cabo el proyecto de investigación realizado a los caballos de raid.

El estudio más ambicioso de la historia del país en lo que a equinos se refiere está muy cerca de presentar sus resultados. Un trabajo de un año, en el que un grupo de 10 docentes y 28 estudiantes de la Facultad de Veterinaria tomó 2.400 muestras de sangre a caballos de competencia en el raid hípico, promete brindar la lectura más profunda que se haya hecho sobre el desgate que sufren los animales durante las competencias de 90 o más kilómetros.

“Nadie sabe fehacientemente cuál es la depleción, qué es lo que se pierde en una carrera de 90 kilómetros. Hasta ahora no hay nada concreto”, explica el Dr. Carlos Soto, director del Centro Hospital Veterinario y líder del proyecto. “Después de este trabajo, con la cantidad de muestras que tenemos, la gente que vaya a entrenar un caballo va a poder decir ‘en base al estudio tenemos que darle más sodio, más calcio, tantos electrolitos durante competencia, tanto de calcio post-competencia’”.

La etapa final del trabajo se ha demorado más de lo previsto, pero Soto espera poder presentar los resultados en el congreso de veterinarios, previsto para el 28 de noviembre. Para conocer los detalles del estudio, Raidistas dialogó con el Dr. Soto.

¿Cuál es la dimensión del estudio?

No hay creo que un estudio de volumen tan grande en todo el Uruguay de caballos deportivos. Obtuvimos 2.400 muestras de sangre, que es una barbaridad. De éstas se van a estudiar cuatro parámetros así que estamos hablando de 10.000 cifras. Todo se llevó a cabo dentro de los planes previstos salvo la parte final que es la de bioestadística. Yo pensé que esto para mayo iba a estar terminado, pero no ha ocurrido. A bioestadística se le dan todos los resultados para que enfrente los números. Va buscando parámetros. El asunto es que hay que meter diez mil números dentro de la computadora que deben ser ingresados a mano.

¿Poseen algún resultado primario?

Tenemos resultados primarios, pero a mí no me gusta hablar de resultados primarios porque son muchas muestras a analizar. Yo prefiero presentar todo de golpe. Faltando un mes para el congreso ni me preocupo por los resultados primarios.

¿Qué se va a poder encontrar en ese cruzamiento de datos?

Nadie sabe fehacientemente cuál es la depleción, qué es lo que se pierde en una carrera de 90 kilómetros. Hasta ahora no hay nada concreto.  De repente cuando estén todos los resultados nos damos cuentas que lo que se está haciendo hoy está bien hecho, o que hay solo que hacer un pequeño retoque. Nadie lo sabe. Hasta que presentemos los números finales todo será una interrogante. La gente de la FEU, los dueños de los caballos, los entrenadores,  los jinetes y las barras tienen que saber que esto ha sido hecho con total seriedad y con un rigor profesional máximo. La idea era sacar esto al mejor nivel y no tengo duda que así lo hicimos.

¿Cómo se trabajo para lograr tantas muestras?

El proyecto que tiene casi un año de duración, en el cual de 41 etapas de raid asistimos a 37. Se recorrieron 25.000 kilómetros, con la participación de 10 docentes y 28 estudiantes. No es fácil. El equipo es grande, la dinámica de traslados es grande. Utilizamos las camionetas de la facultad. En los raid normales íbamos cinco personas, dos docentes y tres estudiantes. En raid como el de Sarandí del Yi salieron dos camionetas. También ocurría que habían raid que eran cerca de donde vivían los estudiantes y estos se acercaban solos. Y nadie cobra acá. Todos los que vamos dejábamos nuestras casas el fin de semana. Para los docentes era laburar de lunes a lunes.

¿Seguían la competencia de cerca?

Nosotros acompañábamos en la competencia, íbamos atrás, últimos, junto a la ambulancia de medicina humana.  Pinchábamos a los caballos tres veces: en la marcación, inmediatamente terminada la prueba y después cuando el hospital le da el alta (pero) si el caballo abandonaba en la ruta, se le sacaba la muestra en la ruta. Caballo que hacía pie, nosotros bajábamos, preguntábamos si el caballo se retiraba y si se retiraba enseguida le sacábamos sangre y seguíamos, pero si nos decían que iban a esperar diez minutos, nos quedábamos allí diez minutos esperando a que el jinete montara y siguiera. Nunca tuvimos problemas, es más, en algunos casos los integrantes del equipo ayudaron en la ruta a equinos, por suerte con buenos resultados.

¿Se encontraron con alguna sorpresa, más allá de lo que digan los números finales?

Lo que nosotros pretendemos es la salud del equino deportivo, eso es lo primordial. El resto, si gana o si pierde, no nos afecta. Nos interesa que el caballo corra, corra en condiciones y termine en condiciones. Hay otros detalles, que nosotros hemos visto y seguramente los que están en el raid también lo ven, como que se está compitiendo con caballos que no están lo suficientemente entrenados para correr 90 kilómetros. Eso lo hemos visto y está comprobado. También que los animales salen, en algunas ocasiones, mal hidratados de la última etapa, en el hospital. La gente en el afán de irse no hidrata a los caballos con la cantidad de litros de suero que tiene que hidratarlos. Todas esas cosas repercuten en la salud del animal. Los veterinarios le dan el “ok” y los caballos se van, y no es un error de los veterinarios, porque clínicamente están bien para irse, pero nosotros creemos, por las muestras que sacamos, que necesitan mayor hidratación.

¿Cómo fue la experiencia para los estudiantes?

Los estudiantes son estudiantes avanzados de la orientación medicina veterinaria. Cuando el doctor (Jorge) Inocente tiene el accidente, el estudiante más cercano era el entonces bachiller Gonzalo Marichal, hoy ya doctor, fue quien ocupó el rol de líder de campo. Él resultó un valor fundamental. Para los estudiantes fue un todo muy valioso, porque salir con el doctor (Jorge) Carluccio o el doctor (Ruben) Acosta, especialistas en equinos, era como tener una clase extra. Tenemos además muchas chicas que son jinetas dentro del equipo. La verdad es que se conformó un grupo fantástico. Los estudiantes estuvieron espectaculares, se mojaron, pasaron frío, pero nunca abandonaron. Yo estoy sorprendido de la garra que le pusieron.

El accidente del. Dr. Inocente fue un golpe duro para el proyecto. ¿Qué rol cumplía él y cómo se siguió adelante?

Inocente era el alma mater del proyecto. Yo creí en el proyecto que me presentó y lo comprometí a que fuera el líder de campo. Él era nuestro hombre. Cuando Inocente tiene el accidente y tenemos la noticia de que no va a poder seguir, planteamos a nivel de estudiantes qué hacíamos, si seguíamos o parábamos. Los estudiantes tuvieron una actitud muy noble al decir “vamos a seguir por Inocente”. Fue un golpe muy duro, pero cuando el trabajo se termine será por obra y gracia del Dr. Inocente.

¿Cómo nació el proyecto?

Inocente había tenido un contacto con unos médicos veterinarios españoles. Yo tuve un contacto con ellos viendo la posibilidad de llevar a cabo el trabajo de forma conjunta. Ellos nos informaron que para poder invertir o colaborar de forma económica debían presentarse a un proyecto y esperar a ganarlo. Propusieron que nosotros mandáramos las muestras que teníamos acá para que ellos las procesaran. No estuve de acuerdo con eso. Si ellos no colaboraban para traer un equipo y dejarlo acá nosotros íbamos a hacer lo que hicimos: presentar el proyecto en la Universidad, que lo ganamos, y con eso compramos los equipos para hacer los análisis. Después tuvimos que salir a conseguir dinero en empresas para poder sustentar el proyecto durante todo el año.

¿Cómo se financió el proyecto?

El costo fue de aproximadamente 25 mil dólares. Los equipos, por unos 10.000 dólares, se compraron gracias al proyecto que presentamos y ganamos. El resto de la plata se obtuvo de dos donaciones privadas: un 70% de parte de Labotorio Ripoll y un 30% de Supra. La salida de campo era lo más caro del tema: gastos de alimentación, transporte y hospedaje, por un lado, y gastos de equipamiento, de comprar centrífugas, tubos, agujas. Todos los insumos son nuevos porque se van tirando. El laboratorio colaboró comprando un freezer y se fueron comprando todas las cosas que necesitábamos. A la camioneta, por ejemplo, tuvimos que poner un toldo, que costó 16 mil pesos, para no mojarnos durante el raid.

¿Cuál fue la respuesta que encontraron de parte de los actores del raid?

Lo que tenemos que hacer notar es la excelente colaboración de todos los dueños de los caballos. Primero agradecer a la FEU, que aceptó que nosotros fuéramos a trabajar ahí, y reconozco que en los primeros raid hasta podíamos molestar a los veterinarios de la federación, aunque después eso se armonizó. Todos los clubes nos recibieron muy bien, en gran forma. Y la colaboración de los dueños de los caballos que fue fantástica. Es el conjunto de un montón de voluntades que, cada uno de su lugar, le puso un granito de arena para que esto saliera adelante. Lo logrado será mérito de todos.

¿Hay estudios similares a nivel internacional?

Estudios existen, pero no creo que haya con tanta cantidad de caballos. Nosotros nos basamos en un estudio español muy completo, que se hizo en Europa, pero con cosas diferentes: la velocidad promedio es mayor en Uruguay y la topografía es similar en Uruguay en casi todas las carreras, no así en Europa, y las temperaturas son relativamente similares en Uruguay de acuerdo a la época y no así en Europa, donde se corre con nieve y en la altura. Son competencias similares a las nuestras, pero con condiciones topográficas y climáticas diferentes, lo que a ellos les lleva no poder unificar las variables. Otro factor es la poca cantidad de caballos con respecto a nosotros. Por eso la avidez de los europeos de poder intervenir en las pruebas de acá.

¿Tiene entonces este trabajo proyección internacional?

La idea nuestra es presentarlo internacionalmente, en la región, en Europa y EEUU. Habrá que buscar el lugar adecuado, que en estas cosas es muy importante.

 

 

 

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