"EL NEGRO" EDUARDO ROSAS
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"EL NEGRO" EDUARDO ROSAS

El mejor amigo del raid

No hay un único molde para ser protagonista del raid. Los equinos se roban los elogios, sus jinetes levantan los trofeos y los clubes se enorgullecen de cada victoria, pero detrás de la reunión hípica hay un centenar de pequeños héroes que hacen que la competencia deportiva se transforme en una verdadera fiesta.

Eduardo Rosas es uno de ellos. "El Negro" no está afiliado a club alguno, pero tiene relación con todos. Tampoco es parte de la FEU, pero no se pierde un congreso. "Yo ayudo si hay que arreglar una silla, una mesa, una caballeriza, limpiar un baño, barrer, arreglar el salón para el baile, para el remate. Yo estoy siempre a la orden", comenta Rosas.

La relación de Rosas con el raid hípico comenzó cuando apenas tenía 10 años, en 1968, pero fue en 1985, cuando se mudó a Río Branco, que el oriundo de Santa Clara profundizó el romance con el deporte que lo apasiona. Hoy, a sus 56 años, tiene más de cuatro décadas de raid encima, siempre como hincha, pero más que nada, como amigo.

Sus primeros raid fueron en Santa Clara. ¿Cuál fue el primero por el que tuvo que viajar?

El primer raid que vi fuera de Santa Clara debe ser el de Cerro Chato, un "Aparicio Saravia" que ganó el tocayo Eduardo Crossa. Yo ahí tenía 21 años. A mí me gustaba el fútbol y el raid, las dos cosas. Hice de juez, de técnico, pero cuando llegué a Río Branco me dediqué más al raid. El fútbol tiene muchos problemas, muchos líos.

¿Ahora va a todos los raid?

A todos no voy. Este año por ejemplo… en marzo fui a Isla mala, el primer raid. Después en abril fui a la Copa de Oro de Treinta y Tres. En mayo hice dos raid: Vichadero y Río Branco. En junio hice Sarandí del Yí. En julio hice Flores.  En agosto Tumpabaé y Fray Marcos. En setiembre no voy a hacer ninguno, pero el 6 de octubre me voy para Aceguá.

¿Ha ido al menos una vez a todas las competencias?

El calendario de los largos lo he hecho casi todo. Me falta conocer sólo el de Villa del Carmen, que fue el primero de setiembre. Es el único que me falta conocer de los largos. Voy a ir el año que viene.

Con tanto raid encima ¿no le tira ser hincha de ningún club?

He ido a todos los clubes, pero no soy un hincha de ninguno. Yo ayudo si hay que arreglar una silla, una mesa, una caballeriza, limpiar un baño, barrer, arreglar el salón para el baile, para el remate. Yo estoy siempre a la orden. La primera vez que fui a Sarandí Grande, el 12 de octubre de 2001, no tenía donde quedarme, donde dormir. Empecé juntando botellas, la gente del club me vio y me invitó para el año siguiente. Al final me quedé un mes y pico ayudando para el enduro. La gente te va viendo y ve lo bien que te vas desempeñando y te invitan para su club.

¿Cómo ha logrado eso, siendo en un principio una cara nueva?

Caminando bien uno no tiene problema. Uno va y ayuda y se va haciendo conocidos. Yo hice mucha amistad en los congresos. Arranqué en el 2000 y no he parado. Como van 300 y pico de personas te van conociendo. Los congresos es donde hice más amistades.

Dado que va a todos los congresos ¿nunca lo llamó ser parte de la federación?

Nunca, no quiero ser. Yo voy como voluntario. El otro día el presidente y todos los neutrales me regalaron  una campera preciosa que dice Federación Ecuestre Uruguaya, porque siempre ando ayudando.

¿Cuándo empezó con esto de viajar a todos lados?

Cuando me vine a Río Branco, con 27 años en 1985, empecé a salir más. En Santa Clara muchos no me querían me llevar porque era un gurisote. A Cerro Chato y Tupambaé sí porque son pocos kilómetros, ahí iba y venía, aunque a veces no agarraba enganche para que me trajeran y quedaba en la carretera. Cuando vine a Río Branco empecé a conocer los otros pueblos.

¿Hubo alguno que lo sorprendiera especialmente?

Young me encanto. ¡Qué lindo pueblito! Me encantó. Minas de Corrales fui a conocerlo el año pasado, en un raid de 70 kilómetros, con aquellos cerros, me pareció precioso.

¿Por qué ir a dedo? ¿Cómo hace eso? ¿No es peligroso?

Pasa que si uno se pone a pagar pasajes para ir y para venir ¿cuánto le sale? Si yo me pongo a hacer (las cuentas) no salgo. El raid es el domingo; yo salgo un miércoles haciendo dedo. Uno se va arrimando con un camión, una cachila o lo que sea. En julio hice 1.300 kilómetros. Salí de aquí, fui a Sarandí del Yí, de ahí a Young, de ahí a Montevideo y de ahí para acá. Hice toda la vuelta. Ahí tuve que pagar la vuelta y lo que había hecho lo perdí todito. Los únicos lados que me dan miedo son Montevideo y Canelones, pero el resto no tengo drama. Soy conocido de todos los pueblos. Yo salgo con gusto, porque es lo que a uno le encanta. Voy a hacer amistad.

¿Cuál fue la anécdota más increíble de esos viajes?

En el 2001 cuando fui a Cerrillos. Iba pasando Canelones y unos viejitos que son de Isla Mala me levantaron. La viejita iba manejando y el hombre le dijo: ‘Levantalo que ese muchacho es bueno’. ¡Pero ni me conocía y era de noche! Al otro día fui  a saludarlos al pueblo y tenían tremenda emoción. Me levantaron sin conocerme.

¿Y qué me cuenta de la vez que tuvo que dormir en un árbol?

Eso fue en la ruta 56, por el kilómetro 49. Llegué a una estancia y los perros me salieron. Yo gritaba, gritaba y gritaba, pero la gente no me sentía. Tuve que dormir arriba de un árbol nomás porque los perros no se movían de abajo. Había empezado medio a llover, menos mal que paró, porque si seguía lloviendo no sé que hubiera hecho. Al otro día me levantó el finado Jorge Delgado, de Cerro Chato, y me llevó hasta Sarandí Grande. Eso fue como en el 2003 o 2004, capaz.

¿Cómo es el ambiente del raid si lo tuviera que describir a alguien que no lo conoce?

La gente del raid es la familia. En el raid no hay problemas no hay pedradas, no hay lío, no se sacan cuchillos, no se sacan revólveres. El raid es la familia. Empieza el jueves con el 'qué van estos y qué va el otro, que hay baile, que hay cantarola'. Llega el sábado y tenés las marcaciones, después los remates, los raid cortos. El borbollón de gente, que conocés a uno, que charlás, que bailás. Uno lo invita con un whisky, otro una cerveza. Vas haciendo amistad.

¿Qué es lo que más le gusta de esos días?

A mí lo que más me gusta es ver un buen rematador en el raid. Uno que sepa de verdad, que le dé una emoción bárbara. Uno que te diga cómo entró el caballo, cómo corrió, no que sólo diga ‘cincuenta, cincuenta” y que esté diez minutos con el mismo caballo. Que le de agilidad al remate, sino no tiene gracia.

¿Cuánto ha cambiado la competencia en estos cuarenta años que usted lo sigue?

En que ahora con la cuestión del antidoping gana cualquiera. Antes siempre algún pinchacito le pegaban a los caballos, pero ahora gana cualquiera. Los premios están muy lindos. Cada vez va mejorando más.

¿Hasta cuando se ve siguiendo el raid como lo hace ahora?

Mi meta era dejar el raid cuando juntara todas las camisetas, pero algunos clubes ya me dijeron que no me las daban para que yo siguiera yendo. Debo tener como veinte camisetas. Tengo un lote, pero son 46 clubes así que todavía me faltan.

 

 

 

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